lunes, 17 de mayo de 2010

Actividad 8 del Tercer Parcial

LOS DERECHOS DE LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD

1) ¿Conoces a alguien que tenga una enfermedad que le provoque una discapacidad?

2) ¿Cómo lo tratan las personas más cercanas (familia, amigos)?

3) ¿Cómo lo tratan las personas que no lo conocen pero que saben de su discapacidad?

4) ¿Cuál es tu actitud cuando encuentras en algún sitio público a una persona con alguna discapacidad?


LOS DISMINUIDOS TAMBIÉN SOMOS GENTE

Para ser sincero conmigo mismo, confieso que no me gusta salir. Amo a la gente pero odio el gentío, odio los lugares donde puede haber una multitud. Los parques de atracciones no me divierten, las grandes tiendas son un infierno, en los cines incomodo a los demás. Para ser sincero conmigo mismo, confieso que en verdad no me gusta salir. Odio a la gente cuando me mira de hito en hito, odio a la gente cuando pretende no verme. ¿Por qué tiene que ser así? Yo también soy "la gente", no soy un habitante de otro planeta. Tampoco soy un mostruo que tenga que esconderse. Tengo ganas de vivir, me gusta comer y beber y me placen mis sentidos. Duermo, sueño y me despierto, pienso, río y grito y me place sentir. ¿Por qué la gente me mira o aparta de mí su mirada? ¿Por qué me tratan de manera diferente? Mi corazón de porta normalmente, late como debe como otro cualquiera. Los disminuidos también somos gente. Cada ser humano es diferente. ¿Qué tiene de especial mi diferencia? Una amiga me aconsejó diciéndome: Sé fuerte, sé valiente. Pensé en eso de ser fuerte y valiente. ¿Qué significa para mi ser fuerte?
Si no soy fuerte ahora, ¿cómo puedo volverme fuerte? Si es preciso que llegue a ser fuerte debe haber una manera.
¿Pero qué cambiaría para mi si fuera fuerte? ¿Serían divertidos los parques de atracciones? ¿Disfrutaría en las grandes tiendas? ¿Me gustaría la multitud?
Una amiga me aconsejó diciéndome:
Sé fuerte, sé valiente.
No comprendo eso de volverse fuerte. Tal vez ser fuerte no es algo para mí.
Si fuera fuerte la gente me temería.
Es mucho mejor que yo sea valiente, la gente me mirará de hito a hito o apartará de mi su mirada.,
pero si soy valiente, no le daré importancia.

Keiko Yochimura, Correo de la UNESCO, 1981.

1) ¿Cómo se siente Keiko con respecto al mundo que le rodea?

2) ¿Crees que este sentimiento prevalece en la actualidad en las personas que tienen alguna discapacidad o crees que las cosas han cambiado?

3) ¿Cómo se sentiría mejor Keiko?


COMPLETA LA SIGUIENTE TABLA
_______________________________________________________
Qué sabía acerca de
personas que viven
con alguna discapacidad
_______________________________________________________
Qué aprendí acerca
de las personas que
viven con una discapacidad
y sus derechos
_______________________________________________________
Qué quiero y debo
saber acerca de las
personas que viven con
una discapacidad y
sus derechos
_______________________________________________________

domingo, 7 de marzo de 2010

1era Tarea del Segundo parcial!!!

Hola !!! Esta actividad es la primera tarea del 2do parcial (porque la deberán llevar a cabo fuera del salón de clase). Lee cuidadosamente la situación y contesta las 3 preguntas de abajo, no quiero respuestas breves, arguméntalas a m p l i a m e n t e.

DILEMA MORAL

Oli y Beto, de 16 y 18 años respectivamente, son novios desde hace seis meses. Han estado conversando acerca de si tedrán relaciones sexuales en un futuro próximo, pero todavía no han tomado una decisión. Se llevan muy bien, se divierten mucho y se apoyan cuando tienen problemas. Al salir de una reunión con amigos se les presenta la oportunidad de tener relaciones sexuales.
Beto le propone a Oli trasladarse a un departamento de un amigo que salió de vacaciones, y le dejó encargado el inmueble y las llaves. Después de varios minutos de valorar la conveniencia o no de estar juntos en el departamento, Oli decide no acompañar a Beto. Éste, molesto, la amenaza, diciéndole que si no aprovecha la oportunidad para tener su primera relación sexual, ya no serán más novios.
  • ¿Debe insistir Beto en persuadir a Oli para tener relaciones sexuales, aunque ella se resista y le haga saber a Beto que ella es menor de edad, que por el momento no es lo que ella desea, y que prefiere continuar la relación de noviazgo como se venía dando?
  • ¿Qué debe hacer Beto ante la postura adoptada por Oli?
  • ¿Qué harías si este fuera tu caso?

lunes, 8 de febrero de 2010

3. CONCEPCIÓN MODERNA Y POSMODERNA DE LA ADOLESCENCIA

3. CONCEPCIÓN MODERNA Y POSMODERNA DE LA ADOLESCENCIA

3.1. CONCEPCIÓN MODERNA
El concepto de adolescencia resulta ser una invención reciente del mundo occidental. Es a partir del siglo XIX cuando se instituye como tal. A decir verdad, en etapas anteriores a la nuestra, el niño y la niña pasaban a ser adultos sin atravesar por la etapa intermedia de la adolescencia. La adolescencia como concepto tiene más bien un origen social y cultural.
Las sociedades tradicionales carecían de adolescencia, en cambio las sociedades modernas la tienen en abundancia, ¿En qué radica, pues, el carácter social y cultural que marca el origen de esta nueva noción? Básicamente, en el hecho de que en todas las comunidades humanas la edad está sujeta a interpretaciones culturales, incluso a manipulaciones ideológicas. Expliquemos esta doble significación. En la Grecia antigua, la palabra adolescente se identifica con dos acepciones: la belleza que no dura y con el dinamismo. En la Roma clásica, abarca el periodo comprendido de los 17 a los 30 años. En la Alta Edad Media, aunque se empleó poco, la palabra adolescente se conserva, designando algo incompleto en los aspectos físico y mental. Abarca un periodo de los 14 a los 25 años de edad.
A partir del siglo XIX se populariza el término, y empieza a adquirir el significado propiamente moderno que perdura hasta nuestros días, en donde la adolescencia es directamente asociada a la etapa de la pubertad, es decir, a un periodo específico del desarrollo, que sirve de tránsito de la infancia a la vida adulta. Pero lo más distintivo de esta concepción no es tanto el conjunto de transformaciones físicas y morfológicas que trae aparejadas consigo la pubertad, sino el fenómeno de estigmatización del que es objeto el individuo que pasa por esta fase del desarrollo.
Desde entonces, el individuo es estigmatizado. La pubertad que lo agobia lo vuelve peligroso y lo pone en peligro. A todo lo largo de todo este siglo [XIX)] abunda una literatura que presenta al adolescente como un ser del que hay que desconfiar o que hay que proteger. Médicos, juristas y magistrados convierten a la pubertad en una verdadera patología. La adolescencia, como la vejez, se vuelve una enfermedad que requiere un tratamiento.

3.1.1. ¿Existe una crisis de la adolescencia?
Cabe decir que el concepto moderno de adolescencia, más que una noción científica, se convierte en una noción ideológica, vinculada a los intereses de la clase burguesa en su lucha por controlar a esa parte de la población inexistente hasta antes del siglo XIX, teniendo como aval el saber científico representado por la psicología y la ciencia médica de la época. Como señala el mismo Fize, refiriéndose al término ―crisis‖ que engloba el sentido moderno que asume el concepto de adolescencia:
La crisis de adolescencia no existe… Esta pretendida crisis es una mera invención social para ocultar la dominación de la clase adulta sobre la joven generación. Hay que recordar que todo nuestro sistema social se edifica sobre el principio, aparentemente protector, de la incapacidad jurídica de los menores, y que nuestro sistema económico excluye en buena medida a la juventud… Así pues, la adolescencia es una creación reciente, coincide con el nacimiento de la escuela secundaria, a finales del siglo XIX. Sin lugar a dudas, es una creación de la burguesía para asegurar el poder de sus hijos sobre el saber.
Según lo anterior, la denominada ―crisis de la adolescencia‖ no es pues otra cosa que una estrategia de poder que, vinculada al desarrollo del saber científico, la sociedad moderna inventó para que los de la vieja generación mantengan en la sujeción a los descendientes; de ahí la función ideológica que como signo distintivo adopta la escuela secundaria en las postrimerías del siglo XIX, llamada a ser el ―aparato ideológico del estado‖ burgués, que, obedeciendo a razones demográficas, tenía como función principal ―retardar el acceso a la vida adulta‖, y prolongar por consiguiente, las actividades escolares. La escuela se convierte en el eje principal de este proyecto ideológico. Se trata de asegurar el poder por medio de la escolarización, y al mismo tiempo de proteger a los jóvenes burgueses de las tentaciones nocivas que emergen con la pubertad. ―La consecuencia de esta política es la instauración de una nueva edad social: la adolescencia moderna.‖ (Fize; 2001: 16).
Esto explica las razones del porqué:
Por medio de un sistema escolar obligatorio exigido por los países en proceso de industrialización, la educación fue un punto de anclaje para el mundo moderno y occidental. En este marco, la noción de adolescencia fue necesaria, ya que prolonga la dependencia, la socialización y el aprendizaje, posponiendo así el ingreso de los jóvenes a la edad adulta, al matrimonio y al mercado laboral.

3.1.2. La identidad fija de la adolescencia
Para el sociólogo Michel Fize, disciplinas científicas como la psicología y la medicina, junto con el sentido común, han reproducido la creencia de que los adolescentes, sin excepción, independientemente de las condiciones sociales y culturales en las que se desenvuelvan, han de pasar por esa etapa de su vida caracterizada por una crisis llena de conflictos y tensiones que les hace ser rebeldes, peligrosos y conflictivos en sus relaciones con los demás y consigo mismos. Por ello este autor cuestiona el hecho de que los individuos, en la sociedad moderna, auspiciada por las verdades científicas de la psicología y la medicina, sigan pensando esta situación ―de manera natural‖, o como un simple periodo intermedio entre la infancia y la adultez, donde aparece una identidad negativa y problemática, que anuncia un crisis individual por la cual atraviesan todos los adolescentes.
Dicho concepto moderno de la adolescencia ha reducido a ésta a una identidad fija (en donde todos son iguales), y por lo mismo, excluyente de los adolescentes. Un ejemplo de ello es que, bajo esta concepción no se concibe que la pubertad, si bien es cierto es un fenómeno universal esencialmente biológico por el que pasan todos los adolescentes, no siempre se asume como una variable conflictiva, para uno mismo o para los demás.
Se trata de un concepto moderno de adolescencia, de corte esencialista (universal e inmutable), que insiste en concebir a ésta como un periodo fatal en el que se carece de los rasgos que definen a la ―identidad madura‖; de ambigüedades que apuntan hacia la búsqueda de la independencia y al mismo tiempo de la dependencia; periodo comprendido que se cree lleno de rasgos universalmente existentes en todos los adolescentes, independientemente de la situación social y cultural en la que éstos se desenvuelvan. Bajo esta concepción moderna, el adolescente es descrito como:

… un individuo que vive permanentemente en un estado de crisis, inseguro, introvertido, una persona en búsqueda de su identidad, idealista, rebelde dentro de lo que el marco social le permite. Los adolescentes de por sí constituyen un grupo marginal.

Este tipo de conceptualización moderna, trae consigo una visión de la identidad del adolescente entendida como identidad fija, única, aplicable a los y las adolescentes del mismo rango de edad, y por lo mismo, excluyente de otras formas de ser adolescente y de los variados modos de vivir la adolescencia propios de la diversidad cultural. Este concepto de adolescencia ya no puede abarcar la realidad múltiple en que viven los adolescentes, por lo que cabe concluir que dicho concepto es el que se encuentra en crisis, no la adolescencia en sí. La concepción moderna es insuficiente para explicar algo que por naturaleza es complejo y diverso. Se trata, en suma, de
… un fenómeno complejo de realidades biológicas y mentales, pero también sociales y culturales. Todos los adolescentes se encuentran con esas realidades múltiples y diversas, las viven más o menos bien, según un humor cuya naturaleza, buena o mala, depende estrechamente del humor social que impera hacia ellos.

3.1.3. La adolescencia como construcción social
Si como hemos visto, la adolescencia no es sólo la pubertad; la etapa de transición de la infancia a la adultez; un rango de edad que fija la identidad en un determinado periodo evolutivo del ser humano; un concepto neutral, etc., entonces, ¿qué es la adolescencia?, ¿resulta válido definir y acotar en un concepto lo que en realidad es múltiple y diverso, dado que ésta alude a realidades vivas y cambiantes?
A menudo se viene diciendo que la adolescencia es una etapa por la que atraviesa un ser humano determinado: el adolescente, realidad de carácter bio-psico-social, término rimbombante que se utiliza para referirse a los múltiples procesos físico-bio-químicos, psicológicos y socioculturales que influyen en su configuración. Pero, más concretamente, se trata de una construcción social. Antes del siglo XIX, no existía la adolescencia como un concepto científico ni como una noción ideológica, legitimados ambos por el trasfondo científico de la psicología y la ciencia médica. Al surgir como tal en la época de la modernidad, la adolescencia se concibe como una construcción social, es decir, como un hecho cultural, teniendo como marco contextual a la sociedad burguesa, y a la ciencia y a la educación, como instrumentos ideológicos para su perpetuación. La adolescencia en este sentido moderno es una invención social de la civilización occidental a finales del siglo XIX, que surge en el marco de la expansión capitalista, el desarrollo de la industrialización, la modificación familiar expresada en la disminución de la fecundidad y la nuclearización del grupo familiar.
En este contexto, la adolescencia surge de manera paralela al nacimiento de la escuela secundaria, con el objeto de ―retardar el acceso a la vida adulta‖, y de esta forma garantizar el poder de la burguesía sobre los dominados, ―lo cual equivale a recalcar resueltamente y sin más demora que la adolescencia naciente es ya una adolescencia dominada.




3.2. CONCEPCIÓN POSMODERNA DE LA ADOLESCENCIA
Los aspectos fundamentales y algunos rasgos característicos de lo que es la posmodernidad han sido expuestos en el libro Ética y Desarrollo Humano I, así que te sugerimos revises en dicho texto la parte relativa a este tema. La posmodernidad, decíamos, es el nuevo estilo, talante o corriente del pensamiento en el que se vive tras la crisis de la modernidad, a consecuencia del desencanto que se produce con respecto a los logros de la razón, y de los grandes conceptos anclados en ella (progreso, ciencia, técnica), así como de la incredulidad en los grandes relatos que han dado sentido a la historia, legitimando proyectos (sociales, políticos y económicos), cuyos resultados han conducido, en ocasiones, al totalitarismo, destrucción, coerción y uniformidad, y en general, a las promesas de mundos felices que todavía no han sido cumplidas. Hasta aquí hemos analizado el impacto de la posmodernidad en algunos ámbitos de la cultura y de la vida cotidiana, ahora interesa revisar cómo ha sido recepcionada esta manera de pensar, sentir y vivir en la vida de los y las adolescentes de finales del siglo XX y principios del XXI. ¿Por qué consideramos necesario reflexionar sobre las implicaciones de la posmodernidad en la adolescencia contemporánea? Primero, porque necesitamos saber cómo repercute, directa o indirectamente, este nuevo orden de ideas y sensibilidades en tu propia vida en tanto adolescente; y segundo - lo más importante- porque es en la adolescencia donde ha impactado con mayor fuerza la posmodernidad, dado que desde este emergente marco cultural se propone a la adolescencia como el nuevo modelo social, y, como consecuencia de ello, se produce el curioso fenómeno que algunos han bautizado como la ―adolescentización‖ de la sociedad.
Un primer síntoma de esta situación, en el sentido de que la sociedad ―ha acabado por volverse adolescente‖, lo podemos localizar en el ámbito de la comunicación y las nuevas tecnologías, donde el imperio de la imagen termina por imponerse sobre la palabra y la conversación.
El hemisferio izquierdo, sede de la racionalidad, la lógica y todo aquello que desarrollamos a partir de la educación, incluido el lenguaje, ha perdido terreno sobre todo en la comunicación entre los jóvenes, la cual se desarrolla casi exclusivamente a través de imágenes y con poco intercambio en el nivel personal.
Si nos preguntamos acerca de lo nuevo en la relación entre generaciones, podemos afirmar que la tecnología juega un papel predominante. Por primera vez en la historia de la humanidad, una nueva generación está capacitada para utilizar la tecnología mejor que sus padres. En términos de Margaret Mead, estamos frente a una cultura "prefigurativa", en la que son los jóvenes quienes enseñan a sus padres. La robotización primero y la informatización después, modificaron radicalmente el campo del trabajo, la productividad, la gestión, exigiendo nuevos saberes de mayor calificación; achicaron el mundo a un espacio único y a la mano, con su diversidad de mensajes a nuestro alcance: culturas, modas, conflictos y posibilidades de ser, tan cercanos como una especie de patio virtual en nuestra propia casa; y redujeron los tiempos al instante, -a sólo un click de distancia, se suele decir-. Esto es, ¡claro!, para los integrados. Para los excluidos, la brecha se ha ampliado. Pero también, para el diálogo entre generaciones, que demandará un esfuerzo extra y una voluntad puesta en juego. La irrupción de la tecnología del chip y de las pantallas, invadiendo nuestra vida doméstica, han impuesto su presencia en los más variados espacios públicos, y nos llevan a una nueva modalidad perceptiva que pone en jaque nuestro horizonte cognitivo.

Hay autores en la actualidad, como Jean Baudrillard y Giovanni Sartori, para quienes, como producto del creciente proceso de informatización que viven las sociedades contemporáneas, se está dando paso a una de las últimas transformaciones antropológicas de la humanidad, en donde el hombre, de ser el productor de las imágenes (entiéndase por ello el conjunto de la cultura: literatura, filosofía, ciencia, religión, arte, etc.) ha acabado por ser producido y absorbido por ellas mismas. Ya no es el sujeto el que se representa el mundo, sino que es representado por él. De creador de imágenes el hombre ha pasado a ser una criatura poseída por las imágenes mismas. El mapa ya no representa la realidad, el mapa es la realidad. La imagen crea su propia autonomía. La realidad virtual ha dejado de ser tal, es ya la ―realidad‖.
Vivimos en un mundo de simulación, en un mundo donde la más alta función del signo consiste en hacer desaparecer la realidad y enmascarar al mismo tiempo esa desaparición. El arte no hace otra cosa. Los medios actuales no hacen otra cosa... Detrás de la orgía de las imágenes cada cosa se oculta. El mundo se disfraza detrás de la profusión de las imágenes... no hay otro destino para la imagen que la imagen. La imagen ya no puede imaginar lo real, porque ella misma es lo real y no puede trascenderlo, transfigurarlo ni soñarlo.33 No podemos negar, pues, que actualmente vivimos bajo la dictadura de las imágenes, y lo que es más cierto aún, es que ellas están modificando nuestras vidas, creencias, valores y preferencias. Pensemos en los efectos de la televisión, la telemática y la internet sobre nuestros gustos, aspiraciones, deseos, representaciones. Giovani Sartori, incluso, ha ido más allá en esto, al afirmar
… que el video está transformando al homo sapiens, producto de la cultura escrita, en un homo videns para el cual la palabra está destronada por la imagen... Pero es aún más cierto que y aún más importante entender que el acto de telever está cambiando la naturaleza del hombre... la televisión modifica radicalmente y empobrece el aparato cognoscitivo del homo sapiens.34 Por otra parte, actualmente está ocurriendo un fenómeno muy curioso, que en líneas más arriba nos referíamos a él como la adolescentización de la sociedad. Bajo esta metamorfosis de la vida social contemporánea, la adolescencia está dejando de ser hoy en día una etapa del ciclo vital, para envolver a todo el cuerpo social. En este marco:

… aparece socialmente un modelo adolescente a través de los medios masivos y de la publicidad en particular. Este modelo supone que hay que llegar a la adolescencia e instalarse en ella para siempre. Define una estética en la cual es hermoso lo muy joven y hay que hacerlo perdurar mientras se pueda y como se pueda. Vende gimnasia, dietas, moda unisex cómoda, cirugía plástica de todo tipo, implantes, lentes de contacto, todo aquello que lleve a disimular lo que muestra el paso del tiempo. El adulto deja de existir como modelo físico, se trata de ser adolescente mientras se pueda y después, viejo. Ser viejo a su vez es una especie de vergüenza, una muestra del fracaso ante el paso inexorable del tiempo…35 Como parte de este mismo diagnóstico de la posmodernidad, y, sobre todo, referido a cómo ésta alcanza a los jóvenes y a todo el tejido social, nos topamos con la actitud posmoderna por todos lados. Se eluden las preguntas fundamentales que en otro tiempo resultaban cruciales, en cambio todo se reduce a la cotidianeidad y a lo que es más inmediato. Todo parece ser a corto plazo, no hay preocupación por lo que es dilatado y que exige saber diferir.
Parece que la gente, la sociedad, vuelve a la adolescencia, a una adolescencia muy temprana a la que se hubiera reencontrado. La psicología (al menos cierta psicología) suele considerar que el hombre maduro tiene capacidad de pensar y programar a largo plazo, en cuestión de años, y preocuparse incluso por las intimidades. En cambio, mientras menos maduro se es, menos se tiene esa capacidad de prever el futuro y de preocuparse por –o de pensar siquiera en- la muerte. Parece como si no se fuera a morir.

3.2.1. Perfil del adolescente posmoderno. Configuración de su identidad

Si bien es cierto no podemos generalizar la existencia de un perfil del adolescente posmoderno, tomando en cuenta que estamos hablando de un proceso que adquiere diferentes características por tratarse de un fenómeno complejo, múltiple y diverso, situado histórica, social y culturalmente, también es cierto que es posible ir configurando un modelo de adolescente posmoderno. ¿Qué rasgos identifican a esta clase de adolescencia que la hacen ser cualitativamente diferente a la adolescencia concebida en un sentido moderno? Una mirada atenta a los agrupamientos adolescentes actuales nos permite descubrir características relacionales muy diferentes a las observadas en la generación anterior. No se trata aquí de la constitución de grandes colectivos movidos por ideas radicales de cambios macro, ni de identidades marcadas por ideologías que vienen a capturar a los jóvenes con su certidumbre y monolitismo, en la medida en que tales discursos han quedado sepultados por un nuevo tiempo, productivista, individualista, asediado por pequeños relatos que procuran dar sentido a vidas más acuciadas por las necesidades y el bienestar individual que por las necesidades sociales. Algunos de los rasgos manifiestos en los adolescentes posmodernos son los siguientes:

La vida presentista

Los adolescentes posmodernos no contemplan dentro de sus expectativas el ideal de una sociedad que salvar, ni de una familia que redimir; para ellos sólo hay una vida que vivir y un presente que gozar. Así, la vida se vuelve relajada y débil. Regularmente, le atribuyen sentido al dinero porque les permite realizar viajes, tener coche o moto, alimentación, vestimenta a la moda, diversiones, vacaciones, y otros tantos bienes sin los cuales para ellos es inconcebible la vida misma.
Bajo este estilo de vida, el adolescente, ese joven que apenas acaba de salir de la infancia, en la que se vive dentro de un presente inmediato, apenas sí sabe lo que va a hacer ese día o esa semana, si acaso ese fin de semana. Su horizonte de vida es el presentismo; el futuro no existe, por lo que no tiene sentido planearlo. Lo que cuenta es el ―aquí‖ y el ―ahora‖, liberándose de las ataduras y remordimientos del pasado y de las angustias y preocupaciones del futuro. ―Las cosmovisiones y los héroes han muerto sin que, por el momento, se aprecie la posibilidad alguna de resurrección. La historia ha perdido el sentido y sólo interesa el presente.
Una buena parte de la adolescencia actual ha sustituido la moral de la ―brújula‖ por la moral del ―radar‖. No se orienta con relación a un norte, sino que su punto de referencia es la posición de los demás. Van recibiendo signos y mensajes, a partir de los cuales modifican constantemente su posición. Esta moral provisional del radar deja un amplio margen al presente, a la espontaneidad y provisionalidad, al azar de las cosas, tal y como éstas se van presentando.
Narcisismo hedonista

Mientras que Narciso, el enamorado de sí mismo es el símbolo de la posmodernidad, los hombres modernos se identificaron con Prometeo, quien robó el fuego a los dioses para hacer de la libertad un instrumento del progreso de la humanidad.
Narciso es el símbolo de la autocomplacencia posesiva; murió víctima de la pasión que le inspiró su propia imagen reflejada en el agua, a lo que se reconoce como narcisismo.
En una moral así, subjetivista: narcisista-hedonista, en la que todo vale, no es posible distinguir el bien del mal moral, ya que todo queda relativizado al sujeto y a cada momento… En consecuencia, la postmodernidad conduce a un individualismo hedonista y narcisista. Más que una ética es una estética. Es una democratización del hedonismo, el triunfo de la antimoral y del antiintitucionalismo, que se traduce en una vida entregada a la seducción de lo múltiple y de lo momentáneo, al goce de lo nuevo y de sí mismo. 38
Se trata de dar rienda suelta al individualismo egoísta, centrado en la satisfacción de las necesidades individuales y en los placeres momentáneos, no a la vida heroica que busca la redención. Bajo este esquema, el adolescente se autoconcibe como un individuo constituido fundamentalmente por un cuerpo con necesidades que deben ser satisfechas constantemente. Este tipo de adolescente, aunque establece vínculos con otros semejantes, se halla fundamentalmente solo, entre otros individuos que a su vez buscan su propia satisfacción. La autoimagen de la realización personal y la felicidad descansa en la acumulación progresiva de los placeres personales. Aislado, vive su existencia como perpetuo presente.

Pasotismo
Este término tiene que ver directamente con la actitud de desinterés e indiferencia de los y las adolescentes hacia las asuntos de la vida pública, aunado ello básicamente al característico pesimismo que éstos manifiestan en torno a la posible solución de los problemas económicos, sociales y políticos más acuciantes que aquejan a la sociedad actual. Ante el desencanto y el desinterés hacia la res publica, la actitud más generalizada de los adolescentes es el pasotismo. Un ejemplo muy ilustrativo de ello es el incremento de la apatía de los jóvenes con relación a la política, a diferencia de las anteriores generaciones, donde, como decía José Revueltas: ―Ser joven y no ser revolucionario, es una contradicción hasta biológica.‖ Los jóvenes, hoy en día, no se sienten representados por nadie; todos los partidos les resultan iguales, da lo mismo votar que no votar, para ellos todo sigue igual… Este tipo de pasotismo
… frecuentemente, se torna en humorismo en cuanto desinterés lúdicamente interesado. Ya que la política es así, carente de ilusión y de esperanza, la mejor salida es pasarla bien a su costa, convirtiéndola en fiesta, pasatiempo o distracción, sin lucha ni enfrentamientos. Es significativo al respecto los mítines-fiesta, tan frecuentes en las campañas electorales, en los que más la fiesta que el mitin es aliciente para los seguidores y simpatizantes.39 En las condiciones actuales, los adolescentes posmodernos pareciera que son adictos a la política, o dicho de otro modo, no parecen entenderla bien a bien. Cuando llegan a participar en manifestaciones públicas organizadas por los adultos se les percibe extraviados; justifican su presencia en dicho actos de manera frívola, algunos incluso manifiestan no saber del todo por qué apoyan las iniciativas de los adultos. Sin embargo, aprovechan para convertir la protesta en fiesta, pasatiempo o distracción, sin enarbolar ninguna lucha, y por lo regular, expresan sus adhesiones a ciertos movimientos políticos mostrando un lenguaje pobre, poco argumentado.
39Ibíd.; p. 97.
El exacerbado individualismo posesivo, volcado hacia los placeres de lo inmediato, se refleja en la vida política en un creciente ―desencanto‖, expresado en una actitud de humorismo y de una vida más relajada. La política para los adolescentes ha perdido confianza y seguridad. Lo mejor es ―agarrar cura‖ con ella (mofarse hasta la saciedad), hacer de ella una broma pasajera, un espectáculo más. Por lo que, la esencia de la vida política, esto es, la participación y la ilusión por luchar por una sociedad más justa y emancipada, es hoy en día cosa del pasado. ¿Asistimos, por tanto, al ocaso de la política desde los imaginarios juveniles posmodernos? La respuesta sigue pendiente.

3.2.2. Cómo procesan su identidad los adolescentes en el contexto posmoderno
Si aceptamos la tesis de que la adolescencia no es meramente un periodo de transición de la infancia a la adultez, sino un fenómeno más complejo, variado y múltiple, condicionado por la situación social, histórica y cultural que vive cada individuo, ésta consistirá en cómo cada generación viva su propia adolescencia. Los procesos de construcción de la identidad en el adolescente tendrán que ver en todo momento, con el hecho de cómo influyen de forma articulada las distintas variables del desarrollo humano en una adolescencia siempre contextuada. Nos referimos por supuesto, a los determinantes biológico, psicológico, social y cultural. ¿Cómo inciden todas estas variables en el procesamiento de construcción de la identidad por parte de los adolescentes dentro del contexto de la posmodernidad, sobre todo la variable sociocultural?
Resultado de los cambios asociados a estos nuevos procesos, vemos surgir una proliferación de formas de ser adolescente, que pone un fuerte acento en la estética y no en la ética, con una ostentación por acceder al bienestar individual, sin que esto implique sacrificio personal a favor de los demás. Y ya no desde la confrontación ideológica, mediante proyectos políticos de transformación social, como sucedía en los sesentas y setentas del siglo pasado. En un mundo en que la política ha quedado subordinada y rendida a la economía, no tienen mucho margen. En lugar de luchar por revolucionar el mundo, los adolescentes luchan por acomodarse a él. No olvidemos que ―el mercado‖, la productividad y el consumo, son los nuevos organizadores del mundo en el marco de la posmodernidad y la globalización.
Las formas como los jóvenes adolescentes procesan su identidad en este nuevo contexto tienen mucho que ver con dichas circunstancias. Cada adolescente procesa su identidad de acuerdo con su propia idiosincrasia, pero los acontecimientos sociales y culturales que más influencia tienen sobre éstos actúan como un denominador común que moldea sus vidas y formas de percepción de la realidad. Miguel Ángel Ramírez Jardines, nos proporciona al respecto un diagnóstico muy asertivo:

El uso cada vez más extendido de los medios electrónicos que llevan a cabo los adolescentes para allegarse diversión, información y divagación sobre los más diversos aspectos que les interesa, han contribuido a una separación creciente entre las generaciones joven y adulta. Ha surgido un nuevo lenguaje que se hace más inteligible para los responsables actuales del desarrollo de los jóvenes. Y éstos, en la búsqueda de su identidad, se separan más y más de la clase adulta; los signos del comportamiento del joven adolescente son los signos de la globalización. Se ha estado procesando poco a poco el joven global, el de la búsqueda de sus ―idénticos‖ sólo en lo nuevo de los propios jóvenes; sus identificaciones se separan de lo ―obsoleto‖ de los viejos, se recrudece la separación de los moldes arcaicos a partir de la ropa, el peinado, el habla, la música, la comida…

Todo esto se ha acumulado en las últimas dos décadas, engarzándose a la gran velocidad con que se generan los cambios impulsados por el desarrollo de la ciencia y la tecnología y por las imágenes cambiantes que produce el mercado, la mercadotecnia y sus modas… Ello se ha hecho presente sobre todo desde que la globalización y el neoliberalismo han intervenido y apresado a nuestro país, y desde que las nuevas y cambiantes tecnologías de la computación, la Internet, la informática, el correo electrónico, el chateo, los videojuegos, el celular integrado, etc, se han puesto al alcance de una gran parte de la población, en especial de los niños y los jóvenes adolescentes, quienes han crecido en medio de esta nueva realidad orientada hacia el consumo de los productos de la globalización…Ello se va expresando en un lenguaje diferente: el cibernético, conectado con la lengua hegemónica en el mundo global emergente: el inglés, con toda su carga de significaciones que han debilitado las lenguas locales; incentivando un creciente individualismo y un consumismo atroz; bloqueando la comunicación, y generando fenómenos antes no tan conocidos: el aburrimiento en la escuela, la claustrofobia en la casa, la fascinación por la imagen, y en conjunto, una producción de significados nuevos, tan distantes de las viejas concepciones, hablas y prácticas sociales instituidas, que resultan incomprensibles para los adultos a primera vista.40 Desde esta perspectiva, la construcción de las identidades basada en la diferenciación por el estilo y las prácticas culturales, se ven tamizadas por la tecnologización de la sociedad, generando una estética novedosa, acompañada por rituales y códigos que ayudan a construir el lugar propio y que se presentan como claves de pertenencia, a través de conductas, acciones y respuestas ofrecidas por los propios adolescentes ante la emergencia de la nueva realidad sociocultural posmoderna.

sábado, 6 de febrero de 2010

TAREA > > > INVESTIGAR

El tema a revisar tiene que ver con el concepto moderno y el posmodernos de la adolescencia. Por lo que pido que investiguen los siguientes temas.

3.‐ Concepciones moderna y posmoderna de la adolescencia
3.1. La concepción moderna
a) ¿Existe una crisis de la adolescencia?
b) Identidad fija de la adolescencia
c) La adolescencia como construcción social

3.2. Concepción posmoderna de la adolescencia
b) Perfil del adolescente posmoderno: Configuración de su identidad
c) Fronteras y vínculos generacionales
d) Las culturas juveniles
e) Violencia y adolescencia
e) Los duelos en la adolescencia
f) ¿Cómo procesan su identidad los jóvenes en el contexto posmoderno?

jueves, 4 de febrero de 2010

2. EL ADOLESCENTE Y SU DINÁMICA DEPENDENCIA-INDEPENDENCIA

INSTRUCCIONES: Hacer un resumen de estos temas.


2.1. LA INDEPENDENCIA Y LA SEGURIDAD DE SÍ MISMO
En el proceso permanente por querer instaurar su propio sentido de identidad, el adolescente vive la tensión de tener que escoger su proyecto de vida, al mismo tiempo que se obliga a adaptar su comportamiento a las normas de conducta que prescribe la sociedad. Se trata, sin duda, de un problema moral básico, no sólo del adolescente, sino de toda la vida en relación, que consiste en conciliar el interés personal con la aprobación del grupo al que se pertenece. La anhelada búsqueda de independencia del individuo para hacer valer su propio sentido de identidad y el desarrollo pleno de su propio yo, no puede darse contraviniendo los lazos que hacen posible la convivencia social, pero tampoco en aras de perpetuar esta última se justifica sacrificar el desarrollo autónomo y la independencia del adolescente para fijar su propia identidad.

Para lograr el equilibrio necesario en esta relación (adolescente-sociedad), la sociedad misma o el grupo social de pertenencia del adolescente deben propiciar un clima social y un conjunto de actitudes favorables para el desarrollo de la acción independiente. En este aspecto juegan un papel central ―las prácticas de crianza infantil y los modelos de conducta que los padres proporcionan al adolescente… también influye en ello las interacciones con los coetáneos y el apoyo que brinden éstos a la conducta independiente.‖22 No es suficiente pues con que las normas sociales o jurídicas de nuestro país postulen formalmente el ideal de una adolescencia con pleno reconocimiento de su independencia y autonomía, se hace necesario que ello vaya acompañado de prácticas sociales, interacciones y actitudes que propicien la conducta independiente del adolescente en los diferentes ámbitos de la vida social (familia, escuela, barrio, amigos, etc.).
Además de estas condiciones externas que facilitan la conducta independiente, se requiere por lo menos cubrir dos condiciones que son intrínsecas al propio adolescente: 1) el deseo de ser independiente y un fuerte compromiso con el mismo, y 2) poseer o desarrollar un pensamiento independiente.
Es cierto que no todos los adolescentes manifiestan en sus acciones y actitudes el deseo de ser independientes y menos aún un compromiso por arribar a este nivel de desarrollo humano; antes bien, pareciera que su deseo más radical es seguir siendo seres dependientes de sus padres, maestros, autoridades, amigos, etc. En esta situación, la posibilidad de la independencia se asume con temor, siendo frecuentes cuestionamientos como los siguientes: ―¿Cómo me las voy a arreglar para dirigir mi propia vida cuando todavía no sé quién soy yo, qué puedo hacer, y qué quiero en verdad? ¿Quién me ayudará si me meto en problemas?‖
Se requiere en este caso de la existencia de ambientes sociales estimulantes para que se vaya forjando la independencia y la autonomía en la toma de decisiones responsables de los adolescentes. Esto demanda la existencia de climas sociales amorosos, donde prevalezca el respeto, la promoción de una elevada autoestima y motivación, así como la confianza y la seguridad de sí mismo en el adolescente. Pero aparte de estas consideraciones, la lucha por la independencia tiene su mejor aliado en una voluntad comprometida con dicho proceso de liberación; de este modo el yo propio se sitúa en el origen de la propia independencia. Además, el adolescente tiene que desarrollar las competencias implicadas en el comportamiento independiente, en donde juega un papel central el pensamiento independiente, esto es:
… la capacidad de hacer juicios propios y regular la propia conducta. ―Piensa por ti mismo‖ le decimos con frecuencia a quien queremos que sea independiente. Muchos adolescentes transitan por un proceso en el que aprenden a ser justo eso. Evalúan de nuevo las reglas, valores y límites que habían adquirido en el hogar y en la escuela. A veces enfrentan considerable resistencia de sus padres, que puede originar conflictos. Más a menudo, los padres se abren paso con sus hijos, reducen al mínimo las áreas de conflicto y los asisten en el desarrollo de un pensamiento independiente y una conducta autorregulada.

Con esto queda de manifiesto que la capacidad cognoscitiva del adolescente también influye en la consecución de su independencia, ya que se trata de desarrollar capacidades y estrategias para el crecimiento moral (elaborar juicios propios, autorrregulación cognitiva y moral, pensar por sí mismo, evaluar reglas y valores, etc.).

De no contar con estas capacidades, será muy difícil que el adolescente desarrolle un fuerte sentido de su independencia, aún y cuando en la sociedad se pueda encontrar con un clima social y actitudinal favorable a este tipo de procesos. Por lo que resultan de vital importancia tanto los factores intrínsecos como extrínsecos en el proceso de construcción de la independencia en el adolescente.

2.2. LA INFLUENCIA CULTURAL EN LA INDEPENDENCIA DEL ADOLESCENTE: LAS FIGURAS PATERNAS, LA FAMILIA Y EL GRUPO SOCIAL La cultura de un grupo social tiene que ver con sus modos de ser, creencias, costumbres y en general con las representaciones y acciones que los sujetos sociales construyen en torno a su mundo particular. A través de este sistema de representaciones y prácticas se modelan las cosas, las conductas, las formas de vida y, en fin, todo lo que atañe a las interacciones entre los individuos. La cultura es esa ―segunda naturaleza‖ que el hombre construye y que le permite diferenciarse de los animales. Así, cada sociedad tiene su propia cultura, y este elemento será lo que le imprimirá un sentido determinado a lo que se establezca como un producto cultural (objetos, ideas, conductas, etc.). Así, tenemos que tanto de una cultura a otra, como de un grupo de padres, de una familia o de un grupo social a otro, habrá variaciones significativas en el caso particular referido a la forma de percibir el dilema de la independencia-dependencia de los adolescentes. Por ejemplo, en la cultura mixteca, los niños y niñas entre los 6 y 7 años de edad aprenden gradualmente a asumir una creciente responsabilidad y comienzan a desempeñar las tareas que les corresponderán como adultos. Los padres presuponen que sus hijos aprenderán a desarrollar estas labores de forma adecuada, por lo que hay poca ansiedad por parte de los padres o de los niños, la agresión no es parte del proceso y el cariño desempeña un papel importante en la socialización de los niños.
Como contraste, el adolescente mundugumor de los mares del sur desde el nacimiento crece en un ambiente hostil: todos los miembros del mismo sexo son hostiles entre sí; además las relaciones entre marido y mujer suelen ser también hostiles. Debido a esta falta de cariño los adolescentes mundugumor desarrollan una independencia más temprano y por eso están preparados en cierto grado para las exigencias a que deben enfrentarse como adolescentes.
Bajo esta misma lógica, resulta válido afirmar que los adolescentes provenientes de familias y padres democráticos y/o dictatoriales, respectivamente, recibirán una influencia contrastante en cuanto al desarrollo de su independencia. En el primer caso, los padres muestran respeto hacia sus hijos, los hacen participar en los asuntos familiares y en la toma de decisiones, y alientan el desarrollo de la independencia apropiada a su edad. Asimismo, estos padres valoran la voluntad propia y autónoma y la conducta disciplinada. Estimulan la interacción verbal, y cuando ejercen la autoridad paterna en forma de exigencias o prohibiciones explican las razones que tienen para ello.
En cambio, los padres dictatoriales indican en un sentido vertical lo que los adolescentes deben hacer y no se sienten obligados a explicar el porqué. Estos padres favorecen la obediencia, mientras que las protestas las enfrentan con medidas punitivas y de fuerza, además desalientan cualquier tipo de discusión libre desarrollada entre iguales, con la convicción de que el adolescente deberá aceptar pasivamente sus imposiciones.
Entre los extremos que representan los padres democráticos y los dictatoriales, se encuentran los padres mejor conocidos como padres laissez-faire (dejar hacer). Su consigna ante los hijos es: ¡haz lo que quieras!, pero sin vigilar que lo hagan con responsabilidad. Esta actitud denota una sobrevaloración del sentido de la libertad y la responsabilidad de los adolescentes, evadiendo en todo momento la propia responsabilidad paterna que implica el hecho de ser padre de un ser humano todavía en proceso de crecimiento, que requiere de amor, orientación y atención, factores que pueden resultar claves en un momento crucial en el que el adolescente se enfrenta al reto de construir una identidad madura.

2.3. LAS RELACIONES POSITIVAS Y NEGATIVAS EN EL DESARROLLO DE LA INDEPENDENCIA
Las relaciones positivas que favorecen el desarrollo de la independencia son el tipo de interacciones en las que el adolescente es percibido como un ser en crecimiento en todos los ámbitos de su desarrollo, y en tanto tal, requiere que se le provea de las condiciones sociales, institucionales y personales favorables para el desarrollo de su independencia.
Por el contrario, todas las relaciones e interacciones en las que interviene el adolescente, y que le generan una situación de dependencia, deben ser tipificadas como relaciones negativas, ya que nada aportan a la instauración de su independencia.
Por ello, un concepto alternativo a la dependencia, es el de la interdependencia, que puede servir de sustento a la propia independencia, toda vez que para volverse adulto, el adolescente requiere de una transformación gradual.
Requiere una habilidad simultánea para la independencia y la interdependencia, que se define como la dependencia recíproca. Las relaciones sociales son interdependientes, como ocurre, digamos, en el sitio de trabajo. Los jefes dependen de los trabajadores para producir bienes, y éstos de los jefes para que manejen las empresas y ellos reciban su paga. La interdependencia implica los compromisos a largo plazo y los vínculos entre las personas que caracterizan a la condición humana… Con el tiempo, los adolescentes adquieren la capacidad de combinar las obligaciones con los demás, que son la base de la interdependencia, con un sentido del yo, sobre el que se funda la independencia.

domingo, 24 de enero de 2010

DILEMAS Y PROBLEMAS MORALES E IMAGINACIÓN ÉTICA DEL ADOLESCENTE

Lee los siguientes dilemas y contesta las preguntas.

DILEMAS Y PROBLEMAS MORALES E IMAGINACIÓN ÉTICA DEL ADOLESCENTE

Dilema 1.
Juan y María son jóvenes estudiantes de preparatoria que deciden iniciar una relación amorosa sexual. Al poco tiempo de entablar la relación se dan cuenta de que María está embarazada.
¿Qué deben hacer?
a) Informar a sus padres de esta relación y su consecuencia y pedirles ayuda para casarse y tener a su hijo.
b) Conseguir un aborto para María y suspender la relación sexual.
c) Conseguir un aborto para María y continuar la relación sexual utilizando anticonceptivos.
d) Otra opción.
Dilema 2.
Carlos y Martha son jóvenes centroamericanos, conscientes de los problemas políticos, sociales y económicos por los que atraviesa su país; en una reunión política son invitados a:
a) Unirse a un grupo guerrillero e irse a la clandestinidad a participar en la lucha armada por la liberación de su país.
b) Unirse a un grupo de concientización política e intentar la formación de un partido opositor al régimen que actúe desde una plataforma política.
c) Seguir una carrera universitaria y trabajar por el bienestar de su país, ejerciendo la profesión elegida, para luego desempeñarla en su patria. Indica cuál opinión, de las anteriores, es la que posee mayor valor moral y por qué.

Dilema 3.
Esperanza es una mujer casada, tiene tres hijos y decide estudiar una carrera para lograr su autorrealización y la independencia económica. Su esposo y sus padres se oponen alegando que descuidará sus tareas domésticas y familiares y además porque no tiene necesidades económicas, puesto que tanto su esposo como su familia están dispuestos a sostenerla económicamente.
¿Qué debe hacer y por qué eso, en cada caso?
¿Qué debe hacer Esperanza para lograr un equilibrio entre su proyecto de vida personal y los condicionamientos familiares que pesan sobre ella?

Dilema 4.
Juan es un joven que tiene una posición económica holgada y está estudiando preparatoria. No está satisfecho con su vida y decide unirse a la secta de los Hare-Krishna, lo cual lo obliga a dejar su familia, abandonar sus estudios y dedicarse a la vida de oración, pobreza y mendicidad. Sus padres y amigos le recriminan la decisión, indicándole que no tiene derecho a arruinar su vida presente, a causar pena a sus padres y a no corrresponder a la oportunidad de educación y bienestar que sus padres le ofrecen.
¿Quién tiene la razón, a tu juicio, Juan o sus padres? Indica tus ideales al respecto: ¿Uno es dueño de su existencia al grado de no tener responsabilidades frente a los demás?

jueves, 21 de enero de 2010

DIVERSAS FORMAS DE SER ADOLESCENTE Y VALORACIÓN DE LA PROPIA ADOLESCENCIA

PUBERTAD Y ADULTEZ ENTRE LOS MASAI DE KENIA

El rito de paso a la pubertad a la edad adulta conciste en una ceremonia en la que se circunda (cortar circularmente una porción del prepucio a los varones) a los muchachos. La ceremonia se prepara con dos meses de anticipación y así contar con todo lo necesario para realizarla.

Antes de la ceremonia, los muchachos púberes se preparan de la siguiente manera: su madre afeita su cabeza y les dan una nueva vestimenta; luego, ellos mismos se afeitan el cuerpo, lo limpian cuidadosamente y se ponene unas sandalias de cuero.

El día de la celebración, los jóvenes que serán circundados salen muy temprano para proceder a los ritos de purificación. Van hasta el arroyo más cercano, donde limpian la suciedad de su juventud incircuncisa, para que puedan renacer como hombre. Por la noche, el agua usada en esta limpieza se guarda en un recipiente y se pone junto con un hacha. Esta agua simboliza el lavado de todas las transgresiones cometidas por el muchacho durante su niñez.

La operación es muy dolorosa, pero se espera que los muchachos permanezcan callados y se muestren valientes mientras sus padres se retuercen y gritan simulando su agonía.

Se supone que un jóven que resiste firmemente la prueba será un hombre preparado para soportar los desafíos de la vida. Si el muchacho llora o grita durante la ceremonia, traerá la vergüenza para él y su familia. En ese caso, sufrirá las riñas y los insultos de sus padres.

Al concluir la ceremonia se considera que los jóvenes ya son adultos y se les ofrece por primera vez una bebida preparada con sangre de ternera y leche agria. Durante varios meses, el grupo circundado permanecerá en aislamiento para recuperarse. A lo largo de este periodo de aislamiento, los muchachos portan pieles de animales, teñidas con carbón de leña y aceite. Se dedican a cazar pájaros cuyas plumas usarán para decorar su tocado. Si un muchacho permaneció valiente y en silencio durante la operación, puede usar plumas de colores; pero si lloró o gritó, entonces solo podrá llevar plumas grises. Cuando su todaco está lleno (serán necesarios unos 40 pájaros aproximadamente) se afeitan la cabeza, se visten con unas togas rojas y se pintan todo el cuerpo de color ocre, símbolo de que ya son hombres y guerreros jóvenes.

Ahora responde las siguientes preguntas:
  1. ¿Qué semejanzas y diferencias encuentras entre el papel social que tiene que desempeñar los y las púberes masai y el que tienes que desempeñar tú?
  2. ¿Es posible afirmar que los y las adolescentes del mundo viven el proceso de pasar a la edad adulta de la misma forma que tú? ¿Por qué?
  3. Cuáles son las invariantes y variantes que se dan entre los adolescentes masai y los mexicanos (incluido el tuyo) en cuanto a la forma actual como procesan su identidad?